Centro de Naturología Holística; Fuengirola (Málaga) 2012

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Arte - Evolución - Terapia

   El cosmos y la tierra mantienen una intensa relación holística, causante de la evolución de la Vida en este planeta. En la capacidad de cada especie de integrar ambas energías reside la principal fuente de supervivencia, y en la larga e intensa historia de la evolución, esa interrelación de fuerzas y su percepción, ha sido la que nos puso en pie. Nosotros hemos reptado por esta Tierra, también caminamos a cuatro patas y, posteriormente nos hemos enderezado estimulados por un tipo de profunda curiosidad inherente a la propia materia y a su propia Naturaleza Virgen, que la despierta. Ahora tenemos la capacidad de mirar hacia arriba y empezar a comprender lo que vemos, ese Universo que se nos muestra y envuelve.

Hace tiempo que estudio cómo los acontecimientos históricos han influido en el desarrollo del sistema nervioso sensorial y la evolución del ser humano. Cada suceso ha conducido nuestros pasos. De los numerosos ejemplos que podría comentar, voy a exponer uno, el hecho de que Colón viajara al Nuevo Continente, y que diera el pistoletazo de salida a todos esos viajeros aventureros, construyó en el cerebro humano la imagen de una Tierra redonda. Esto hizo concebir imágenes e ideas tridimensionales en el cerebro de los artistas, que desarrollaron la perspectiva de doble punto entre otras técnicas de dibujo, pintura y escultura. Y en otras expresiones del arte como la arquitectura y la música. Los espectadores de estas creaciones podían admirar algo totalmente nuevo, podían observar algo creado por un semejante inusualmente real, habíamos crecido, pasando de una creatividad plana, a otra tridimensional. Se desarrolló una nueva percepción en el ser humano y del ser humano, Renacimos, era el Renacimiento.

El Renacimiento es una época crucial en nuestra neuro y socio-evolución. Una época valiente, con artistas atrevidos, retando a la humanidad a una nueva evolución sensorial. Por ejemplo, algo que me llamó siempre la atención es la cantidad de pinturas que se pintan en los techos, obligando  de esta manera al observador a mirar verticalmente hacia arriba para ver sus pinturas.

Pintan los techos planos, obligándonos a ponernos  debajo y mirar hacia arriba para admirar realmente y de forma plena la obra, ya que si los mirásemos en ángulo no podríamos percibirla correctamente. Realmente parece algo simple, pero este hecho tiene una repercusión muy especial, nos obligan a pensar mirando hacia arriba, esto libera la cabeza dentro de la propiocepción global del cuerpo, nos hacen enfocar la vista, admirar y pensar con la cabeza fuera del esquema corporal habitual. Observar y analizar, comprender y pensar con este estado de propiocepción, de postura, es algo muy especial para el ser humano. Esto que aparentemente es un hecho muy simple tiene unas connotaciones neurológicas evolutivas decisivas para la evolución del pensamiento, para que más adelante el pueblo se hiciera consciente de la opresión de los feudales y mandatarios, y fuese la cuna para un pensamiento libre, científicamente y socialmente libre, para el alumbramiento de las revoluciones sociales venideras.

Quiero enumerar tres hechos importantes:
• La idea de que la Tierra es redonda = Revolución artística y religiosa
• La idea de que la Tierra gira alrededor del Sol = Revolución social
• La idea de la Evolución = Revolución del individuo

Para comprender mejor esta idea, nos remontaremos a nuestro comienzo común en nuestra historia, de todas nuestras historias, viajaremos al micro universo original, a nuestro edén privado, al vientre materno. Es ahí donde arranca la historia de nuestro autoconocimiento. Al principio somos masajeados por los movimientos y ruidos del vientre, como un suave oleaje percibimos su vaivén respiratorio y como una marcha vital nos marca el paso el ritmo de su corazón.

La madre que nos abraza con su vientre, acariciándonos con sus estímulos, intentando despertarnos en ese lugar casi ingrávido. Cuando la madre baila, sube escaleras, salta, camina, somos zarandeados, giramos, sorprendiéndonos con la sensación de las tres dimensiones, y esto va estimulando al sistema vestibular, el sistema de estabilidad tridimensional. Este paso es  muy importante para el bebe porque empieza a comprender su volumen, su espacio, la comprensión de que él es alguien. 

Estos movimientos de la madre a veces nos provocan sustos enormes, que elevan alocadamente nuestras pulsaciones, es el miedo a lo desconocido, pero realmente es importante ir conociendo a una de las emociones que siempre estará a nuestro lado,  porque el miedo nos va a acompañar toda la vida. Y, realmente no hay mejor lugar donde empezar esta relación, ya que dentro de la madre sentimos el calor de su protección. El mundo nos protege otra vez, nunca dejó ni dejará de hacerlo.

Llega el día en que abro los ojos y ellos nos dan una percepción de mí mismo, por primera vez puedo verme, puedo ver ese cordón serpenteante que me une a mi mundo y con el que he jugado a ciegas durante largos ratos. El hecho de poder ver, estimula la actividad cortical, y se despierta una curiosidad más consciente, queremos saber, experimentar, conocer, conocerme, eso ocurre en el octavo mes y realmente queremos saber más sobre nosotros mismos. El córtex nos induce a intentarlo.


Y por fin llega el gran cambio. Durante nueve meses hemos estado recibiendo estímulos y respondiendo a ellos, respondiendo con una actitud…mi actitud. Una mezcla de emociones definen nuestro carácter intrauterino, esta actitud define nuestro tejido, nuestra forma de aceptar la Vida y de responder a Ella, y va a definirnos por el resto de nuestros días.


Ahora llega uno de los hechos más impactantes para la estructura de nuestro psique. Cuando un bebé nace, hay un momento muy especial y crucial, y es el instante en el que cruza su mirada con la de la madre y el padre, en ese acto se genera una relación de Ser a Ser para el resto de la vida. Hemos llegado a un nuevo mundo donde puedo sentir el peso de mi cuerpo, y en especial el de la cabeza, sentir ese peso craneal al tiempo que los ojos impregnan el cerebro con las imágenes de los seres más hermosos, cruzar miradas de Amor de bienvenida, seres que veo fuera y siento dentro de mí.

Esto nos hace pensar en la importancia que existe en la relación entre la observación visual, lo observado y la postura del que observa. Todos conocemos el dicho “quedó embobado”, que define la actitud de alguien que queda extasiado ante la visión de la belleza, de lo hermoso. Yendo más allá, sabemos por investigaciones, que ese instante queda impregnado en la posición de la cabeza en relación con la fuerza de gravedad, la estabilidad y la orientación. Pero no sólo limitemos esta nutrición sensorial a la vista, ampliémosla a lo que “escuchamos”, a los olores y sabores con los que nos acaricia nuestro entorno.


Los sentidos y el maravilloso mundo con el que nos ponen en contacto pueden ser una de las mejores terapias, si los usamos de forma acorde a nuestra Naturaleza, y en su observación inocente podemos observar a su Creador.


Hoy podemos abrir los ojos a este nuevo útero, nuestros ojos de la conciencia, asombrados ante el conocimiento de nosotros mismos. Sintamos como nuestros sentidos nos unen a la realidad y nos alimentan de ella como antes lo hizo el cordón umbilical materno, y como nuestra curiosidad transformada en conciencia nos lleva a nacer en ese Nuevo Mundo donde nos esperan unos acogedores ojos, quizás de nuestro Padre, con los que cruzar nuestra consciente mirada.